30 may 2011

No recuerdo con presición qué fue aquéllo que trajo a mi mente tan absurdo pensamiento, tal vez han sido sólo las situaciones que la Vida me ha permitido experimentar. Parece ser indiscutible que aquellos a quienes más queremos son los que más daño nos causan, pero refleccionemos un momento, si no quisiésemos a quien o quienes nos lastiman, si no despostáramos en ellos una gran, gran confianza, no nos dolería lo que ellos pudiesen hacer o dejar de hacer.
Hay una persona en mi vida, de esas especialmente importantes que va diciendo “no deberíamos esperar nada a cambio, sino deberíamos simplemente dar y servir por el gusto de dar y servir” a mí sinceramente eso me resulta muy difícil, no digo imposible, pero… Antes de decir que la mejor solución a cierto tipo de dolor es dejar de esperar o dejar de confiar, diría que la mejor solución es confiar en alguien de quien estemos completamente seguros que no va a fallar, tal vez resulte demasiado fanático a los ojos del lector lo que vendrá, pero no es afán de convencer ni mucho menos, simplemente digo, con amor he aprendido a confiar el Único que no falla.
No parece haber, al menos no veo, otro remedio, hay quienes, siendo humanos, parecen ser buenos amigos y personas dignas de entera confianza, pero por experiencia me atrevo a decir que todo eso termina, tal vez por tonterías, por malos entendidos o simplemente porque era tiempo de que terminara. Lo dije antes y lo reitero: no es afán de convencer ni mucho menos, me gusta respetar aunque no todo me parece correcto, lo dejo porque de no hablar de ello me siento egoísta, siento que he guardado para mí lo que puede servirle a otra persona, yo no encontré otro método y aunque la prueba no termina el camino es menos pedregoso a su lado.
*GRACIAS, DIOS*

No hay comentarios:

Publicar un comentario