He escuchado, he leído, simplemente he sabido de amores, qué si es, qué si no es. Sutilmente creo, es, quizá no sea tal como lo creemos, pero es, por lo menos palabra (amor) pero es. Hablaré aquí sobre uno en especial, el de una madre hacía su hijo: AMOR DE MADRE
Entre el estrujante ruido de la aglomerada sociedad, vi un pequeño, sólo un pequeño, me percate de cómo su inmaduro y frágil corazón extrañaba a su madre, ella apenas decía: “me voy” y él ya lloraba, con sus labios juntos, en forma de serpiente, y sus mejillas comenzaban a tornarse a una tonalidad del rojo.
Mi interior, alimenta la ilusión de sentir dentro como se forma, poco a poco, un envase que después contendrá alma y espíritu; un pequeño cuerpo, no puedo evitar tocar mi vientre al despertar, cada mañana al despertar, ilusionarme con la absurda idea de que, muy a pesar de mi, resguardada, virginidad, contiene algo creciendo en él.
Cuando vi los ojos del pequeño pensé: cuan grande es el daño que causa una madre con sólo decir “me voy” ¡No quiero! No quiero dañar a quien más voy a amar.
Ésta ves, como la mayoría del tiempo, como mujeres, como padres, como personas, diría yo que hasta inhumanos, nos enfocamos en la satisfacción y en el privilegio que dará “dar vida” procrear; ahora he visto desde los ojos de aquel pequeño y creo, sufre más el en tanto que se acostumbra al dolor, que la madre en tanto que da a luz.
No digo con esto que la ilusión murió, sólo pretendo alimentarla juntamente con la que me hará cuidar ese inmaduro y frágil corazón que ha de formarse en mi vientre algún día. Con todo el amor que ya le tengo.