30 jun 2011

Cuando las cosas andan tan mal como ayer, lo mejor es uir, no por cobardía, por prudencia tal vez. Cuando la lluvía azota las puertas, lo mejor es refujiarse dentro de la casa ¿qué más podía hacer yo? Lo que pasaba ya no pasaba, se quedó estancado en el tiempo y el espacio, tuve que hacerlo, tuve que irme; cuando estás ahogandote en un vaso de agua, no sé si lo mejor es explorar que tan llenos están los demás, pero si eso implica salir del tuyo, seguramente es mejor que esperar a que el agua misma cubra todas las salidas.
         No voy a negar lo mucho que te extraño, espero que, si un día conoces el verdadero motivo de mi estancia lejos de ti, seas capaz de entenderme, de comprender que lo hice con toda la intención de mejorar la relación, sinceramente, lo hice por los dos. Estábamos tan cerca… y no fuimos lo suficientemente inteligentes para ver lo que el alma clamaba a gritos.
         Ahora sólo pretendo aprovechar cada segundo aquí; Intento ser egoista, pensar unicamente en mí, ser lo que, no sé desde cuando, soy; no me apetece verte, perdón, pero no ¡valla! Quién diría que aquel gran hombre que tanto admiré de niña hoy es un dolor de cabeza ¡no puedo crer que no te des cuenta de lo que ha sido de nosotros! ¿La costumbre consumió el cariño? Quizá sólo es que mis ojos comienzan a abrirse, entre llantos y gemidos, empiezan a ver la realidad.
         No la quiero. Me niego a resignarme a que tú siempre has sido tú. Yo me esfuerzo cada vez más, lucho cada vez más cansada por no ser hoy lo que fui ayer y tú pareces no interesarte ni por mejorar, ni por saber qué eres y analizarlo.
         Me he dado cuenta de algo desde hace bastante tiempo, me dolió, pero hoy sé cuán verdadero es: ¡Cómo puedo pedir que me aceptes como soy, si no soy capaz de aceptar que eres sin aceptar lo que soy!

¡Te amaré por siempre!